En el teatro no se viste de amarillo, no se silba en escena y hay una obra que muchos prefieren no nombrar. Las supersticiones existen. Lo que empieza a desmoronarse cuando acudimos a los documentos son muchas de las historias utilizadas para explicarlas.
Molière no murió sobre el escenario durante el estreno de El enfermo imaginario. Tampoco podemos demostrar que aquella noche vistiera de amarillo. El silbido sí tuvo una función técnica perfectamente real en el teatro español del siglo XVIII, aunque no sabemos si de ahí nació la superstición. Y el supuesto actor cuya muerte habría iniciado la maldición de Macbeth apareció más de dos siglos después en una historia escrita por un crítico teatral.
En este episodio de MENTIRAS DESVELADAS seguimos el rastro de tres de las supersticiones más conocidas del mundo escénico para separar lo documentado de lo repetido.
CREENCIA 1 — Molière murió en escena vestido de amarillo
REALIDAD — Murió en su casa después de la cuarta función y no hay prueba del amarillo
La historia es perfecta para convertirse en leyenda.
Molière representa El enfermo imaginario. Él mismo interpreta a Argan, un hombre obsesionado con sus enfermedades. Durante la función, el dramaturgo se desploma sobre el escenario vestido de amarillo y muere.
Desde entonces, nadie en el teatro quiere vestir ese color.
El problema es que prácticamente todos los elementos de esa versión necesitan corrección.
No fue durante el estreno
Le Malade imaginaire (El enfermo imaginario) se estrenó en París el 10 de febrero de 1673, en el teatro del Palais-Royal.
Molière interpretaba a Argan.
Pero la noche decisiva llegó una semana después, el 17 de febrero, durante la cuarta representación de la obra.
Así que la primera parte de la leyenda ya falla: Molière no murió durante el estreno.
Tampoco murió sobre el escenario
Aquella noche Molière estaba realmente enfermo.
El registro de la compañía, llevado por el actor La Grange, constituye una de las fuentes esenciales para reconstruir lo ocurrido. Según esa documentación, Molière actuó estando gravemente afectado por un catarro y una «fluxión de pecho», pero consiguió terminar la función.
Después regresó a su domicilio de la calle Richelieu.
Murió allí, hacia las diez de la noche.
La imagen romántica del dramaturgo expirando ante el público parece haberse desarrollado posteriormente. El Centre de musique baroque de Versailles interpreta esa muerte sobre el escenario como una construcción del imaginario romántico del siglo XIX.
La realidad es menos teatral, pero quizá más extraordinaria: Molière estaba gravemente enfermo, salió a escena, terminó la representación y murió unas horas más tarde en su casa.
¿Y el famoso traje amarillo?
Aquí entramos en un terreno mucho menos seguro.
No conocemos ningún documento que demuestre que Molière estuviera vestido de amarillo durante aquella última representación.
La asociación se repite constantemente en España y buena parte de Hispanoamérica, pero el propio origen de la tradición permanece sin demostrar.
En Francia, el color maldito es otro
En la tradición teatral francesa, la misma historia suele estar asociada al verde.
Molière habría muerto vestido de verde y, por tanto, ese color habría quedado marcado como funesto para los actores. Pero tampoco está demostrado que vistiera de verde aquella noche.
Esto plantea una pregunta inevitable: si la muerte de Molière originó realmente la superstición, ¿por qué cambia el color según el país?
Una hipótesis propuesta por el historiador del color Michel Pastoureau apunta a algo anterior: algunos pigmentos verdes empleados en decorados y vestuario podían resultar tóxicos. Según esta interpretación, el rechazo teatral al verde podría preceder incluso a la muerte de Molière. Es una hipótesis histórica, no una explicación definitivamente demostrada.
Molière sí tenía ropa amarilla
Existe además un dato que demuestra lo fácil que resulta construir asociaciones posteriores.
El inventario de bienes realizado después de su muerte menciona un traje de Sganarelle, personaje de El médico a palos, confeccionado con sarga amarilla adornada de verde.
Por tanto, Molière utilizó vestuario amarillo. Pero aquel traje no está relacionado con la noche de su muerte.
La pregunta documental que queda abierta es otra: ¿cómo era exactamente el traje de Argan que llevaba en aquella cuarta representación?
Mientras no aparezca una fuente que lo demuestre, afirmar que murió vestido de amarillo significa convertir una tradición en un hecho histórico.
Conclusión de la primera creencia
Molière murió el 17 de febrero de 1673, después de la cuarta representación de El enfermo imaginario. Terminó la función y murió posteriormente en su domicilio. No existe prueba conocida de que aquella noche vistiera de amarillo.
CREENCIA 2 — No se silba porque los primeros tramoyistas eran marineros
REALIDAD — El silbo sí fue una señal técnica, pero el origen de la superstición no está demostrado
La regla sigue presente en muchos teatros: no silbes en escena.
Una de las explicaciones más repetidas sostiene que los primeros tramoyistas procedían del mundo marítimo.
Los marineros conocían perfectamente cuerdas, nudos, poleas y aparejos, por lo que habrían resultado trabajadores ideales para manejar la maquinaria escénica. Entre ellos se comunicaban mediante silbidos.
Así, un actor que silbara accidentalmente entre bastidores podía enviar una orden equivocada y provocar que descendiera un decorado sobre alguien.
La historia es magnífica. Lo que falta es la prueba.
La teoría de los marineros no está demostrada
La explicación aparece constantemente en recopilaciones de supersticiones teatrales, pero incluso algunas fuentes que la difunden la presentan como especulativa.
El archivo de folclore de la Universidad del Sur de California recoge, además, explicaciones alternativas y reconoce que el origen exacto de la superstición no está claro.
Por tanto, no podemos asegurar que la prohibición de silbar naciera de marineros convertidos en tramoyistas.
Sin embargo, eso no significa que el silbido careciera de una función técnica en el teatro.
El silbo sí podía dar una orden de tramoya
La investigadora Ana Contreras Elvira, de la Real Escuela Superior de Arte Dramático, estudió cincuenta comedias de magia estrenadas o repuestas en los teatros públicos madrileños durante el siglo XVIII.
La comedia de magia fue uno de los géneros espectaculares más populares de la época: vuelos, desapariciones, transformaciones y mutaciones súbitas del decorado. Todo ello requería una maquinaria escénica compleja.
Y en esas obras aparece documentado el silbo como señal para iniciar determinadas transformaciones.
Una acotación de Nicolás González Martínez lo expresa de manera especialmente clara: «A un silbo, se obscurecerá todo el teatro…»
Un único silbido podía desencadenar un cambio escénico. Eso sí está documentado.
Entonces, ¿la superstición nació de ahí?
Es posible. Pero nuevamente debemos separar una explicación lógica de una conclusión demostrada.
Si determinados cambios de decorado dependían de una señal acústica, silbar accidentalmente podía crear confusión.
Es fácil imaginar cómo una norma profesional del tipo «no silbes mientras trabajamos» pudo transformarse con el tiempo en «silbar trae mala suerte». Pero no conocemos el documento que demuestre esa evolución.
La formulación correcta es, por tanto: el uso técnico del silbido está documentado; que sea el origen de la superstición sigue siendo una hipótesis.
Y el público también silbaba
El sonido tenía además otro significado nada agradable para un actor.
La palabra «silbatina», utilizada para designar una manifestación de burla o desaprobación mediante silbidos, aparece documentada en una crítica teatral madrileña de 1830.
Desde la platea, silbar podía significar fracaso.
Eso añade una nueva capa a la superstición: detrás del escenario, un silbo podía convertirse en una señal técnica; delante del escenario, podía expresar el rechazo del público.
Conclusión de la segunda creencia
El origen de la superstición sigue sin estar demostrado. Pero en el teatro español del siglo XVIII está documentado que un silbo podía señalar un cambio de decorado. Silbar podía ser, literalmente, dar una orden.
CREENCIA 3 — Macbeth está maldita porque un actor murió durante su estreno
REALIDAD — La historia de Hal Berridge apareció en 1898 y el origen real de la superstición sigue discutido
Aquí la leyenda resulta todavía más elaborada.
Macbeth se habría estrenado ante el rey Jacobo I el 7 de agosto de 1606. El joven que debía interpretar a Lady Macbeth enfermó repentinamente y murió. Se llamaba Hal Berridge. William Shakespeare habría tenido que reemplazarlo personalmente.
Y aquella muerte habría sido el primer episodio de una maldición que acompañaría a la obra durante cuatro siglos.
Solo hay un inconveniente.
No encontramos a Hal Berridge en la documentación teatral de aquella época.
Max Beerbohm entra en escena
El origen concreto de esta historia puede rastrearse hasta 1898.
El crítico y escritor Max Beerbohm publicó el 1 de octubre de aquel año una reseña dedicada a la interpretación de Lady Macbeth realizada por Madge Kendal.
Dentro del texto introdujo una anécdota supuestamente procedente del anticuario y biógrafo del siglo XVII John Aubrey.
Beerbohm imitó su estilo. Y creó la historia de Berridge.
También inventó una supuesta entrada del diario de Samuel Pepys.
El shakespeariano Stanley Wells rastreó posteriormente la historia y mostró que los aparentes datos históricos utilizados por Beerbohm eran invenciones.
¿Existió Hal Berridge?
No hay constancia de que un actor con ese nombre formara parte de la compañía de Shakespeare.
Su nombre tampoco aparece en los grandes repertorios históricos de actores de la época consultados por especialistas.
Existe un detalle curioso. El investigador David Kathman localizó a un Henry Berredge, bautizado en Lincolnshire en 1593. El muchacho habría tenido trece años en 1606.
Pero no existe ninguna prueba de que fuera actor ni de que tuviera relación alguna con Shakespeare.
Por eso la formulación más rigurosa no es «Hal Berridge nunca existió», sino: «No existe constancia de que aquel supuesto actor existiera como miembro de la compañía ni de que participara en Macbeth».
En la historia original ni siquiera moría
La leyenda todavía guarda otra sorpresa.
En la versión escrita por Beerbohm en 1898, el muchacho no moría. Enfermaba de pleuresía y Shakespeare tenía que sustituirlo.
La muerte apareció después, añadida por versiones posteriores.
También se incorporó posteriormente la famosa fecha del 7 de agosto de 1606.
Ni siquiera conocemos la fecha exacta del estreno
La primera representación de la que conservamos un testimonio inequívoco es mucho posterior.
El astrólogo y médico Simon Forman vio Macbeth en el Globe el 20 de abril de 1611 y dejó constancia de la representación.
Eso no significa que la obra no se representara antes. Significa que debemos diferenciar entre una fecha posible y una fecha documentalmente confirmada.
Entonces, ¿la maldición de Macbeth es inventada?
No exactamente.
Lo inventado es esta explicación concreta protagonizada por Hal Berridge.
La superstición relacionada con Macbeth sí existe y está ampliamente documentada durante los siglos XIX y XX. Muchos actores todavía evitan pronunciar el título dentro de un teatro y prefieren llamarla «la obra escocesa».
El origen exacto de esa tradición sigue siendo debatido.
El investigador Gabriel Egan ha señalado incluso un posible precedente del siglo XVII. En The Late Lancashire Witches, de Richard Brome y Thomas Heywood, representada en 1634, aparece una alusión a las «hermanas fatídicas escocesas» de Macbeth durante una escena relacionada con un hechizo.
Egan interpreta esa referencia como una posible manifestación temprana de la asociación supersticiosa con la obra. Es una propuesta académica interesante, no un consenso definitivo.
Tres supersticiones, tres problemas diferentes
Las tres historias muestran mecanismos distintos mediante los cuales nace una leyenda cultural.
En el caso de Molière, tenemos un acontecimiento histórico real —su muerte después de representar El enfermo imaginario— al que posteriormente se añaden detalles dramáticos: el estreno, la muerte sobre el escenario y el color amarillo.
Con el silbido, tenemos una práctica técnica documentada que ofrece una explicación plausible, pero todavía no podemos demostrar el camino que la convirtió en superstición.
Y con Macbeth podemos observar directamente cómo una ficción escrita en 1898 terminó infiltrándose en relatos supuestamente históricos sobre el estreno de una obra del siglo XVII.
No todas las leyendas nacen igual. Pero todas se vuelven más resistentes cuanto mejor funcionan como historia.
En resumen: Creencia frente a Realidad
| SUPERSTICIÓN | LO QUE SE CUENTA | LO QUE DICEN LOS DOCUMENTOS | GRADO DE CERTEZA |
| No vestir de amarillo | Molière murió en escena durante el estreno de El enfermo imaginario, vestido de amarillo. | Murió en su casa después de la cuarta función, el 17 de febrero de 1673. No existe prueba del amarillo y en Francia la leyenda utiliza el verde. | Muerte: documentada. Color: no demostrado. |
| No silbar en escena | Procede de marineros contratados como tramoyistas que se comunicaban mediante silbidos. | En el teatro español del siglo XVIII está documentado el silbo como señal para cambios escénicos. | Uso técnico: documentado. Origen de la superstición: no demostrado. |
| No nombrar Macbeth | Hal Berridge murió durante el estreno y Shakespeare tuvo que sustituirlo. | La historia apareció en una parodia de Max Beerbohm en 1898; en su versión el joven ni siquiera moría. | Invención de Berridge: documentada. Origen general: discutido. |
Lo que el Short no podía contar
Las supersticiones teatrales son especialmente difíciles de investigar porque pertenecen a una tradición transmitida durante generaciones.
Los actores aprenden determinadas reglas de otros actores. Los técnicos las reciben de quienes trabajaban antes que ellos. Y muchas veces la explicación aparece mucho después que la propia costumbre.
Por eso la pregunta más interesante no siempre es «¿Es verdadera esta superstición?». La superstición existe porque alguien la practica. La pregunta histórica es: ¿podemos demostrar la historia que utilizamos para explicarla?
En estos tres casos, la respuesta es diferente.
Con Molière podemos corregir buena parte del relato mediante documentación contemporánea.
Con el silbido disponemos de un antecedente técnico muy sugerente, pero nos falta demostrar la conexión.
Con Macbeth podemos incluso identificar el momento en que una historia aparentemente antigua fue escrita por primera vez.
Y ahí está precisamente el objetivo de MENTIRAS DESVELADAS: no eliminar las leyendas, sino descubrir cuándo dejamos de contar historia y comenzamos a contar tradición.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no se viste de amarillo en el teatro?
La tradición suele relacionarlo con la muerte de Molière, pero ningún documento conocido demuestra que vistiera de amarillo durante su última representación. La superstición existe especialmente en España y parte de Hispanoamérica, pero su origen continúa sin documentarse.
¿Murió Molière sobre el escenario?
No. Terminó la cuarta función de El enfermo imaginario el 17 de febrero de 1673 y murió aquella misma noche en su casa de París.
¿Por qué no se debe silbar en un teatro?
En el teatro español del siglo XVIII está documentado el silbo como señal para determinados cambios de decorado. Eso hace plausible que un silbido accidental pudiera resultar problemático, pero no demuestra que esta práctica originara la superstición.
¿Por qué no se pronuncia Macbeth dentro de un teatro?
Existe una tradición según la cual decir el título puede traer mala suerte, por lo que muchos intérpretes utilizan la expresión «la obra escocesa». La famosa historia de Hal Berridge no procede del estreno de Shakespeare: apareció en un texto de Max Beerbohm de 1898.
¿En todos los países está prohibido el amarillo?
No. Las supersticiones cambian según las tradiciones teatrales. En Francia, por ejemplo, el color asociado a Molière es tradicionalmente el verde. En otros países aparecen colores diferentes y sus orígenes no siempre están documentados.
Conclusión OCIOARTE
Molière realmente murió después de interpretar a un enfermo.
El silbido realmente podía convertirse en una señal para mover un escenario.
Y Macbeth realmente arrastra desde hace generaciones una reputación inquietante.
Esos hechos son suficientemente interesantes.
Pero con el tiempo añadimos colores, muertes, marineros y actores inexistentes hasta construir historias mucho más perfectas que la documentación.
Las supersticiones siguen ahí. Lo que cambia cuando examinamos las fuentes es nuestra forma de contarlas.
Tres reglas que siguen vivas en el teatro. Y ninguna nació exactamente como te la contaron.
¿Cuál es el color prohibido en el teatro de tu país?
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Fuentes y documentación
Fuentes principales y referencias utilizadas para contrastar el artículo:
Molière y el amarillo
- Centre de musique baroque de Versailles — «Le Malade imaginaire, ultime comédie-ballet», exposición virtual Les Musiques de Molière.
- Baroquiades — «Molière, le jeu du vrai et du faux», con la cita del registro de La Grange.
- Inventario de los bienes de Molière (1673), en Œuvres complètes de Molière, ed. Louandre (Wikisource).
- Guy Duplat — «Pas de vélo jaune, svp», La Libre Belgique (2010), sobre Michel Pastoureau, Les couleurs de nos souvenirs.
- Teatro Nacional de Grecia — Travel Through Theatre: Molière.
- El Colombiano — «Las supersticiones del teatro que explican por qué Macbeth no…» (2022).
- La Nación — «400 años de Molière» (2022).
El silbido
- Ana Contreras Elvira — «El canto del encanto: los poderes mágicos de la música en la comedia de magia del siglo XVIII», Acotaciones, n.º 38, RESAD, 2017, pp. 11–43.
- Real Academia Española — Diccionario histórico de la lengua española, voces «silbo» y «silbatina».
- Capital Theatres — recopilación de supersticiones teatrales.
- The ArtsCenter — recopilación de supersticiones teatrales.
- USC Folklore Archives — «Don’t Whistle in the Theater!».
Macbeth
- Gabriel Egan — «The early seventeenth-century origin of the Macbeth superstition».
- Sean B. Palmer — «Hal Berridge and Macbeth», SHAKSPER, 2007; con referencias a Max Beerbohm y Stanley Wells.
- David Kathman — «Hal Berridge and the First Performance of Macbeth», SHAKSPER, 2001.
- Word Histories — «the Scottish play» (2018).
