Cuando hablamos de Romeo y Julieta, pensamos de inmediato en el talento de William Shakespeare y en una de las historias de amor más influyentes de la literatura occidental. Sin embargo, desde el punto de vista histórico, el dramaturgo inglés no fue el creador original del argumento. Su aportación fue distinta —y determinante—: la transformación literaria de una narración previa.
Un relato que nació en Italia
La historia de dos jóvenes amantes enfrentados por la rivalidad de sus familias ya circulaba en Italia durante el siglo XVI.
El escritor Luigi da Porto, hacia 1530, redactó una de las primeras versiones conocidas del relato ambientado en Verona. Posteriormente, en 1554, Matteo Bandello publicó una nueva adaptación que consolidó la historia dentro de la tradición narrativa italiana.
Estos textos ya contenían los elementos esenciales que hoy reconocemos: familias enfrentadas, un amor prohibido y un desenlace trágico.
La fuente directa de Shakespeare
En 1562, el poeta inglés Arthur Brooke publicó The Tragical History of Romeus and Juliet, un poema narrativo inspirado en las versiones italianas.
La investigación académica coincide en que este poema fue la principal fuente utilizada por Shakespeare cuando escribió su obra teatral alrededor de 1595. El final trágico ya estaba presente en la tradición literaria anterior.
La verdadera transformación
Si Shakespeare no cambió el desenlace, ¿qué aportó entonces?
La clave está en la estructura y en la intensidad dramática.
En el poema de Brooke, la relación entre los protagonistas se desarrolla a lo largo de varios meses. En la obra teatral de Shakespeare, los acontecimientos principales transcurren en aproximadamente cuatro o cinco días.
Esta compresión temporal genera una experiencia emocional mucho más intensa. Las decisiones se precipitan. El conflicto se acelera. El amor se vive con urgencia.
Además, Shakespeare amplió la profundidad psicológica de personajes como Mercucio y reforzó la tensión dramática en cada escena, dotando al relato de una fuerza teatral que trascendió su origen narrativo.
La tragedia como consecuencia humana
Uno de los elementos más significativos es el episodio de la carta que nunca llega a Romeo. En la obra, el mensajero es retenido por sospecha de peste y puesto en cuarentena, impidiendo que el plan de Fray Lorenzo se complete.
La tragedia no responde a un destino sobrenatural, sino a un error humano en un contexto de crisis sanitaria, un detalle que añade realismo y profundidad a la obra.
De tradición literaria a patrimonio cultural universal
Shakespeare no creó la historia desde cero, pero la reinterpretó con un lenguaje poético excepcional, una estructura dramática más compacta y una intensidad emocional que consolidó su permanencia en la historia del teatro.
El resultado fue una de las tragedias más influyentes del repertorio occidental, representada y estudiada durante más de cuatro siglos.
En este sentido, Romeo y Julieta no destaca por la originalidad de su argumento, sino por la manera en que su autor supo convertir una tradición literaria en una experiencia artística de alcance universal.
