Mozart odiaba la flauta. Salieri lo envenenó. Y después de morir fue enterrado como un pobre.
Tres historias capaces de construir por sí solas una biografía trágica: un genio obligado a escribir para un instrumento que detestaba, un rival consumido por la envidia y un final miserable en una tumba de indigentes.
El problema es que ninguna de las tres puede contarse así de simple.
En un caso existe una frase auténtica de Mozart que, aislada de su contexto, ha terminado convertida en una afirmación mucho mayor de lo que permite demostrar. En otro, un rumor de envenenamiento terminó transformándose en una de las rivalidades más famosas de la historia de la música. Y en el tercero, unas prácticas funerarias normales en la Viena de finales del siglo XVIII han sido reinterpretadas posteriormente como prueba de abandono y pobreza.
En este episodio de MENTIRAS DESVELADAS vamos más allá del Short para examinar los documentos, el contexto y los matices que permiten distinguir lo que Mozart realmente escribió de lo que generaciones posteriores construyeron alrededor de su figura.
Antes de desvelarlas: el contexto
Wolfgang Amadé Mozart murió en Viena el 5 de diciembre de 1791, con solo 35 años. La causa médica exacta de su muerte sigue siendo objeto de debate porque la documentación disponible no permite establecer un diagnóstico moderno definitivo. La Fundación Mozarteum de Salzburgo señala, sin embargo, que los investigadores coinciden en una cuestión: Mozart no murió envenenado.
Su muerte temprana, un entierro sin tumba individual identificada y el crecimiento de su fama durante el siglo XIX proporcionaron el terreno perfecto para construir una biografía romántica alrededor del «genio incomprendido».
Pero la primera de nuestras historias comienza trece años antes de su muerte, cuando Mozart tenía 22 años y estaba en Mannheim intentando abrirse camino profesionalmente.
CREENCIA 1 — Mozart odiaba la flauta
REALIDAD: Mozart sí escribió que no soportaba aquel instrumento, pero convertir esa frase en «Mozart odió la flauta durante toda su vida» simplifica demasiado la evidencia.
Aquí ocurre algo particularmente interesante: la frase no es inventada.
Existe.
Mozart realmente escribió algo que permite comprender perfectamente de dónde salió su fama de enemigo de la flauta.
¿Qué ocurrió realmente?
El 14 de febrero de 1778 Mozart escribió desde Mannheim a su padre, Leopold Mozart.
En ese momento estaba trabajando en un encargo relacionado con el flautista Johann Baptist Wendling y un aficionado neerlandés conocido en la documentación como De Jean. Mozart debía producir varias obras para flauta y esperaba recibir una remuneración considerable.
Pero el trabajo no avanzaba como estaba previsto.
En la carta Mozart explica que De Jean solo le había pagado 96 florines porque no había terminado todo el encargo. A continuación justifica su retraso: dice que apenas tiene tranquilidad para trabajar, que únicamente puede componer de noche y que no está siempre de humor para escribir. Y entonces llega la célebre frase.
Mozart afirma que pierde inmediatamente las ganas cuando tiene que escribir continuamente para un instrumento que «no puede soportar». La edición de la Digital Mozart Edition identifica explícitamente ese instrumento como la flauta.
Por tanto, sería incorrecto afirmar:
«Mozart nunca dijo que no le gustara la flauta».
Sí lo dijo.
Lo que necesita corrección es otra cosa:
¿Podemos convertir una frase escrita durante un encargo problemático en la afirmación de que Mozart odió la flauta siempre y en cualquier contexto?
La documentación no permite llegar tan lejos.
La frase tiene un contexto
En la misma carta, justo antes de mencionar el instrumento, Mozart explica varios factores que lo están afectando:
no dispone de tranquilidad, trabaja por la noche, tiene varias composiciones entre manos y no ha logrado completar el encargo por el que esperaba cobrar.
Por tanto, la observación sobre la flauta aparece dentro de una explicación de frustración profesional y creativa.
La propia Neue Mozart-Ausgabe —Nueva Edición Mozart, la edición crítica de referencia— trata el comentario con cautela: señala que Mozart no podía «tolerar» la flauta, añadiendo significativamente «al menos como instrumento de música de cámara» al analizar sus cuartetos para flauta.
Ese matiz es importante.
Mozart escribió música importante para flauta
La propia obra de Mozart dificulta reducir su relación con el instrumento a un simple «lo odiaba».
El Cuarteto en re mayor para flauta, violín, viola y violonchelo, KV 285, está documentado en Mannheim en diciembre de 1777.
Y, todavía más significativamente, después de la famosa carta del 14 de febrero, Mozart compuso en París el Concierto en do mayor para flauta, arpa y orquesta, KV 299, fechado por el catálogo de la Fundación Mozarteum en abril de 1778. Su autenticidad está verificada y se conserva el autógrafo de la obra.
Es decir:
14 de febrero de 1778: Mozart se queja de tener que escribir constantemente para una flauta que «no soporta».
Abril de 1778: completa en París un importante concierto para flauta y arpa.
Esto no demuestra que secretamente adorara la flauta.
Pero sí demuestra por qué «Mozart odiaba la flauta» necesita un contexto mucho mayor.
¿De dónde surgió la creencia?
En este caso no necesitamos buscar una leyenda inventada siglos después. El origen está en una frase auténtica del propio Mozart.
El problema apareció cuando la frase dejó de estar vinculada a febrero de 1778, al encargo de Mannheim y a sus circunstancias laborales, y comenzó a utilizarse como descripción general de su relación con el instrumento.
Una expresión momentánea pasó a convertirse en:
«Mozart odiaba la flauta».
Y de ahí, en algunas versiones populares, incluso a:
«Mozart se negaba a escribir para flauta».
Eso último resulta especialmente difícil de sostener frente a su propio catálogo.
VEREDICTO
ENGAÑOSO / NECESITA CONTEXTO
La afirmación procede de un documento auténtico, pero no podemos convertirla sin matices en una aversión absoluta y permanente.
CREENCIA 2 — Antonio Salieri envenenó a Mozart
REALIDAD: no existe evidencia histórica que permita afirmar que Salieri asesinó a Mozart, y la investigación moderna descarta el envenenamiento como causa de su muerte.
Esta es probablemente una de las historias más resistentes de toda la música clásica.
Mozart representa al genio natural.
Salieri, al compositor establecido que reconoce ese genio y lo envidia.
El argumento es perfecto para una tragedia.
Precisamente por eso sobrevivió.
¿Qué ocurrió realmente?
Mozart murió el 5 de diciembre de 1791 después de una enfermedad.
El documento médico de la época consignó una causa denominada hitziges Frieselfieber, traducida generalmente como «fiebre miliar aguda». Este término histórico no equivale a un diagnóstico médico moderno preciso, y durante más de dos siglos se han propuesto diferentes explicaciones para la enfermedad final del compositor.
La Fundación Mozarteum es muy clara sobre el límite de nuestro conocimiento: la causa exacta continúa discutida, pero los investigadores están de acuerdo en que no fue veneno.
Y mucho menos existe documentación que demuestre que Antonio Salieri se lo administrara.
Mozart y Salieri no encajan bien en la caricatura de enemigos mortales
Existieron competencia, intereses profesionales y tensiones dentro del complejo mundo musical vienés. Pero convertir todo aquello en una relación de odio homicida es otra cosa.
Hay un documento especialmente revelador.
El 14 de octubre de 1791, menos de dos meses antes de morir, Mozart escribió a su esposa Constanze contando que había llevado a Salieri y a la cantante Caterina Cavalieri a una representación de Die Zauberflöte (La flauta mágica).
Según Mozart, ambos se mostraron extraordinariamente amables y disfrutaron enormemente de la obra. El compositor cuenta que Salieri siguió la representación con gran atención y reaccionó con entusiasmo.
Esto no demuestra que Mozart y Salieri fueran amigos inseparables.
Sí demuestra que la documentación contemporánea es mucho más compleja que el relato del rival que espera la oportunidad de asesinarlo.
¿Entonces de dónde salió el envenenamiento?
Los rumores sobre un posible envenenamiento aparecieron muy pronto tras la muerte de Mozart. Un estudio clásico publicado en The Musical Quarterly documenta que ya pocos días después circulaban noticias relacionadas con el aspecto hinchado del cadáver y una posible intoxicación. Con el tiempo, las sospechas terminaron concentrándose en Salieri.
Durante las décadas posteriores aparecieron historias según las cuales Salieri habría confesado el crimen al final de su vida.
No constituyen una confesión documental fiable.
Pero el rumor tenía todos los ingredientes necesarios para convertirse en literatura.
Pushkin transforma el rumor en tragedia
En 1830 Aleksandr Pushkin escribió Mozart y Salieri, una de sus llamadas «pequeñas tragedias».
En ella, Salieri, consumido por la envidia ante el talento de Mozart, decide envenenarlo.
La investigación académica sobre la obra señala expresamente que Pushkin construyó su drama a partir del rumor, ya extendido pero no demostrado, del asesinato.
La historia dejó entonces de ser únicamente un rumor biográfico.
Se convirtió en una magnífica historia dramática.
Y una buena historia suele ser más fácil de recordar que una investigación histórica llena de matices.
VEREDICTO
FALSO COMO AFIRMACIÓN HISTÓRICA
No existe evidencia que permita afirmar que Salieri envenenó a Mozart. La causa exacta de la muerte continúa discutida, pero el Mozarteum señala que los investigadores descartan el envenenamiento.
CREENCIA 3 — Mozart terminó enterrado como un pobre
REALIDAD: Mozart recibió un funeral de tercera clase y fue enterrado en una sepultura colectiva sin marcar, pero aquello no era un «entierro de indigente».
Esta creencia resulta especialmente fácil de comprender.
Mozart muere.
No existe hoy una tumba original con su nombre.
Su cuerpo terminó en una sepultura compartida.
Parece la conclusión perfecta:
el gran Mozart murió olvidado y fue arrojado a una fosa de pobres.
Pero las prácticas funerarias vienesas de 1791 cuentan otra historia.
¿Qué ocurrió realmente?
La documentación de la Catedral de San Esteban registra para Mozart un funeral de tercera clase.
La Fundación Mozarteum explica que se trataba del tipo de funeral que recibieron muchos contemporáneos de un estatus social comparable y que sus costes estaban reglamentados.
Después de la ceremonia, el féretro fue llevado al cementerio de St. Marx, situado entonces fuera de la ciudad.
Mozart fue enterrado en una sepultura de pozo sin marcar —en alemán, Schachtgrab— que habitualmente contenía otros cuatro o cinco cuerpos.
Pero el Mozarteum añade expresamente algo fundamental:
aquello no era un “pauper’s burial”, es decir, un entierro de pobre o indigente.
Sepultura compartida no significa fosa de indigentes
Nuestro problema es que estamos interpretando una práctica funeraria del siglo XVIII con las categorías sociales y funerarias actuales.
Hoy asociamos:
una tumba individual → dignidad y recursos;
una tumba compartida y sin nombre → pobreza o abandono.
Esa asociación no funciona automáticamente para la Viena de Mozart.
Por eso decir simplemente que fue «arrojado a una fosa común» puede inducir a una imagen histórica equivocada.
¿Por qué no conocemos el punto exacto de su tumba?
Precisamente porque la sepultura no llevaba una identificación individual permanente.
El cementerio de St. Marx cerró en 1874. El monumento dedicado a Mozart que se había levantado allí en 1859 fue trasladado en 1891 al Zentralfriedhof, el Cementerio Central de Viena.
El lugar que hoy se visita en St. Marx como tumba de Mozart fue posteriormente acondicionado por un cuidador del cementerio utilizando elementos procedentes de otras tumbas. Se encuentra en la zona donde estaban las antiguas sepulturas compartidas, pero no constituye una lápida original colocada sobre su cadáver en 1791.
¿De dónde surgió la creencia?
La desaparición de una tumba individual resultaba cada vez más difícil de conciliar con el extraordinario prestigio que Mozart alcanzó después de su muerte.
Así nació una imagen poderosa:
el genio que murió pobre, abandonado y sin reconocimiento.
Una sepultura normal dentro de las prácticas de su época terminó reinterpretándose como símbolo de miseria.
VEREDICTO
FALSO / ENGAÑOSO
Mozart fue enterrado en una sepultura compartida y sin marcador individual, pero la documentación del Mozarteum rechaza expresamente que se tratara de un «entierro de pobre».
Lo que el Short no podía contar
Las tres historias son interesantes porque representan tres maneras distintas de fabricar una creencia histórica.
La primera comienza con un documento auténtico.
Mozart realmente escribió que no soportaba la flauta mientras explicaba las dificultades de un encargo. El error consiste en transformar una frase contextual en una característica permanente de toda su vida.
La segunda nace de la incertidumbre.
Mozart muere joven y la medicina de la época no puede ofrecernos el diagnóstico preciso que hoy desearíamos. El vacío permite que aparezca el rumor del veneno. Después, literatura y teatro proporcionan al rumor un culpable perfecto: Salieri.
La tercera procede de un anacronismo.
Vemos una sepultura compartida sin lápida individual y la interpretamos desde nuestras prácticas funerarias actuales. El resultado es la imagen de Mozart enterrado en la miseria, aunque las fuentes institucionales indiquen que aquel tipo de enterramiento era normal para personas de su condición.
En los tres casos ocurre lo mismo:
un elemento real existe, pero la historia que construimos alrededor de él termina siendo mucho más absoluta que la evidencia.
Mozart y la flauta: lo que sí podemos afirmar
Conviene resumir especialmente este punto porque es el más fácil de simplificar en exceso.
Está documentado: Mozart escribió el 14 de febrero de 1778 que no soportaba el instrumento para el que estaba componiendo continuamente; la edición identifica ese instrumento como la flauta.
Está documentado: el comentario aparece mientras explica el retraso de un encargo, la falta de tranquilidad para trabajar y que no siempre estaba de humor para componer.
Está documentado: Mozart escribió obras auténticas e importantes para flauta, entre ellas el Cuarteto KV 285 y el Concierto para flauta y arpa KV 299.
No está demostrado: que una frase de febrero de 1778 permita describir toda su vida diciendo simplemente «Mozart odiaba la flauta».
Por eso, en OCIOARTE preferimos decir:
La famosa aversión de Mozart a la flauta tiene una base documental real, pero necesita contexto.
Términos y abreviaturas que conviene aclarar
KV: abreviatura de Köchel-Verzeichnis, «Catálogo Köchel». Es el catálogo temático y cronológico empleado para identificar las obras de Wolfgang Amadé Mozart. De ahí denominaciones como KV 285 o KV 299.
Schachtgrab: término alemán empleado para el tipo de sepultura en que fue enterrado Mozart. Puede traducirse aproximadamente como «sepultura de pozo». Era compartida por varios cuerpos y no equivalía necesariamente a una fosa destinada a indigentes.
Neue Mozart-Ausgabe (NMA): «Nueva Edición Mozart», edición crítica de las obras de Mozart preparada con criterios musicológicos.
Obras y documentos mencionados
Cuarteto en re mayor para flauta, violín, viola y violonchelo, KV 285
Mozart. Mannheim, 1777. Autenticidad verificada por el Catálogo Köchel digital de la Fundación Mozarteum.
Concierto en do mayor para flauta, arpa y orquesta, KV 299
Mozart. París, abril de 1778. Autenticidad verificada y autógrafo conservado.
Carta de Mozart a Leopold Mozart, 14 de febrero de 1778
Documento fundamental para comprender el origen de la supuesta aversión de Mozart a la flauta.
Carta de Mozart a Constanze Mozart, 14 de octubre de 1791
Documento en el que Mozart relata la visita de Antonio Salieri a una representación de Die Zauberflöte (La flauta mágica) y su reacción favorable.
Mozart y Salieri
Drama de Aleksandr Pushkin escrito en 1830 y publicado posteriormente, fundamental para la difusión artística del mito del envenenamiento.
Cronología esencial
1756 — Mozart nace en Salzburgo.
25 de diciembre de 1777 — Se fecha el Cuarteto en re mayor para flauta KV 285.
14 de febrero de 1778 — Mozart escribe desde Mannheim la carta en la que afirma que se desanima cuando debe escribir continuamente para un instrumento que «no puede soportar»: la flauta.
Abril de 1778 — Mozart completa en París el Concierto para flauta y arpa KV 299.
14 de octubre de 1791 — Mozart cuenta a Constanze la entusiasta reacción de Salieri tras asistir a La flauta mágica.
5 de diciembre de 1791 — Mozart muere en Viena.
6 de diciembre de 1791 — La documentación registra su funeral de tercera clase; posteriormente es trasladado al cementerio de St. Marx.
1830 — Pushkin escribe Mozart y Salieri, convirtiendo el rumor del envenenamiento en una poderosa tragedia literaria.
En resumen: Creencia frente a Realidad
| CREENCIA | REALIDAD VERIFICADA |
|---|---|
| Mozart odiaba la flauta. | Mozart sí dejó una frase de fuerte aversión hacia la flauta en una carta de 1778, pero estaba vinculada a un encargo y a circunstancias concretas. Convertirla en un odio permanente durante toda su vida es una simplificación. |
| Salieri envenenó a Mozart. | No existe evidencia histórica que lo demuestre. La causa exacta de la muerte sigue debatida, pero los investigadores descartan el envenenamiento. |
| Mozart fue enterrado como un pobre. | Recibió un funeral de tercera clase y fue enterrado en una sepultura compartida sin marcar, práctica común para personas de un estatus semejante. No fue un «entierro de indigente». |
Conclusión OCIOARTE
Quizá lo más interesante de estas tres historias sea que ninguna nació completamente de la nada.
Mozart sí escribió una frase durísima sobre la flauta.
Hubo rumores de envenenamiento tras su muerte.
Y realmente fue enterrado sin una tumba individual identificada.
Pero entre un dato y la historia que terminamos recordando existe una enorme distancia.
La documentación histórica no elimina el misterio de Mozart. Al contrario: nos permite descubrir algo mucho más interesante que la leyenda simplificada.
Un compositor que podía quejarse amargamente de un instrumento y, poco después, escribir para él. Un supuesto enemigo que todavía acudía a escuchar su música pocas semanas antes de su muerte. Y un entierro que hoy parece indigno, pero que solo puede comprenderse dentro de las costumbres de la Viena de 1791.
Porque detrás de muchas creencias sobre el arte y la cultura existe algo mejor que la leyenda:
la historia que realmente podemos documentar.
¿Cuál de estas tres historias te habían contado?
Mira el episodio de MENTIRAS DESVELADAS en el canal de YouTube de OCIOARTE.
